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viernes, 5 de noviembre de 2010

La mujer de la nariz-bombilla

Aquella señora tenía una nariz-bombilla que se encendía y apagaba según su estado de ánimo. De noche iluminaba el comedor. Lo malo es que cuando eestornudaba, la bombilla estallaba..

Este es el inicio de vuestro próximo relato...

Aquella señora tenía una nariz-bombilla que se encendía y apagaba según su estado de ánimo. De noche iluminaba el comedor. Lo malo es que cuando estornudaba, la bombilla estallaba..
pero no había problema porque ella siempre estaba de buen humor. Sus familiares, amigos y conocidos temían que llegara el invierno. Gracias a ella cada vez que había un apagón, veían . O cuando iban al cine y tenían alguno que salir con la película ya empezada, ella encendía su nariz y podían ver por donde caminaban sin caerse. O simplemente para ahorrar en el recibo de la luz.
Además ella era feliz así y también porque todo el mundo la conocía. Pero el invierno para ella era un "sin vivir", porque no sabía cuando podría resfriarse.

Paqui


Aquella señora tenía una nariz-bombilla que se encendía y apagaba según su estado de ánimo. De noche iluminaba el comedor. Lo malo es que cuando estornudaba, la bombilla estallaba..

Hace unos días llegó a mi piso una nueva familia. Al bajar por la escalera vi a una señora a la que le di los buenos días y ésta con una sonrisa me los devolvió. Me fui algo confusa pues me parecía que su cara resplandecía y esto me llamó la atención.
Hablé con mi marido acerca de los nuevos vecinos. Le pregunté por si eé los había conocido pero me dijo que no. Le propuse ir a presentarnos y al mismo tiempo los conoceríamos.
Decidimos ir más tarde. Llegamos a su puerta y llamamos. Nos recibió un señor y nos presentamos y nos ofrecimos para ayudarles en cualquier menester. Éste, muy agradecido, nos hizo pasar a su salita para presentarnos a su señora.
Entramos, y allí estaba la señora que yo había saludado en la escalera el día anterior. Se levantó, pues estaba haciendo ganchillo y nos saludó.
Nuestra sorpresa fue que a la señora se le encendía la nariz como si fuera una bombilla. La pobre, enseguida nos explicó que desde pequeña tenía ese mal y debido a su nariz-bombilla, tenía que ir de un pueblo a otro, pues la gente se metía con ella y era el hazme reír del pueblo.
Mi marido suavizó las cosas y sin maldad ninguna, le dijo que todo no era malo pues era mucha suerte tener cerca una linterna porque cuando hace falta no la encontramos y ella en cambio la tenía en su propia nariz.
Todos nos echamos a reír y les propusimos que cuando quisieran podían devolvernos la visita. Ellos aceptaron con agradecimiento.
La gente del barrio empezó a cuchichear de los nuevos vecinos y a hablar de la señora. Yo les comente que eran buenas gentes, que con nadie se metían y eran buenos vecinos, ¿Qué más podíamos pedir?
Un día, en la carnicería, estaban hablando de Mari, la vecina de la nariz-bombilla. En ese momento entraba ella y cual fue nuestra sorpresa cuando vimos que la nariz le estalló. Todos nos sorprendimos y ella se puso a llorar y salió corriendo.
Yo, dos días después de este acontecimiento desagradable convoqué una reunión en el piso para hablar con mis vecinos. En esta reunión les hice ver que a todos nos podía pasar algo raro y que no nos haría gracia estar en la situación de Mari y que nuestra actitud era como la de los niños mal criados, y no la de personas adultas que éramos. Ella lo pasaba mal y nosotros con nuestra actitud, le hacíamos más daño a ella, así como a su marido. Ellos no se merecían ese desprecio, pues eran buenos vecinos. Todos se fueron muy pensativos y con la cabeza bajada.
Esa noche se había ido la luz en el barrio y Carmen la vecina del segundo se había puesto de parto. Su marido llamó a algunos vecinos para que les ayudarán y les pidió que llevaran linternas; pero por diversos problemas, como falta de pilas, bombillas fundidas o incluso linternas extraviadas, nadie podía ayudar. Pero ahí se presentó Mari, con un catarro y un cuadro febril de mil demonios y a la pobre no paraba de estallarle la nariz. Pero con gran esfuerzo se aguantaba para no estornudar y para que Carmen tuviera luz y pudiera tener a su hija con más claridad.
Con esto, podemos ver que no hay mal que por bien no venga. Y que podemos sacar lo mejor que tenemos en un momento dado. Y en este caso Mari con su extraña nariz solventó la situación.
En agradecimiento, Carmen le puso el nombre de Mari Liz a su hija, siendo Mari, a partir de ese día, un miembro destacado y muy querido de nuestra comunidad.

Charo



Aquella señora tenía una nariz-bombilla que se encendida y apagaba según su estado de ánimo De noche iluminaba el comedor. Lo malo es que cuando estornudaba la bombilla estallaba.
Este era un mal que la acompañaba desde la cuna y que le había complicado y arruinado completamente su vida. Se había convertido en el hazmerreir de todos, siempre era el centro de miradas curiosas y burlonas, su apelativo siempre seria, ¡”la mujer payaso!".
Al pensar en ello, se entristecía y no podía contener las lágrimas que resbalaban por su iluminada nariz.
Desde su tierna infancia sus padres lo habían intentado todo, visitaron las consultas de los mas celebres doctores en busca de una solución, gastaron una fortuna en remedios que no remediaban nada y que tan solo conseguían agravar las cosas; su dulce y regordeta pequeña parecía un triste y viejo semáforo a punto de estallar.
Los intentos por evitar que la niña se resfriara resultaron en vano, María era asmática y sus continuas crisis, a pesar de la medicación, complicaron la vida en aquella casa, el alboroto que acompañaba a las repetidas explosiones de su apéndice respingón destrozaban todo a su paso, su angelical carita siempre estaba dibujada por cicatrices de todas formas y maneras que nunca alcanzaban a sanar del todo.
El tiempo transcurrió e inevitablemente, nuestra protagonista creció al tiempo que aumentaba su nariz y el alcance de sus explosiones; sus queridos padres murieron y desde ese momento se vio sumida en la más absoluta de las soledades.
Embargada por esta desagradable situación intentaba buscar salidas, procuraba quererse tal y como era, acudió a la consulta de varios psicólogos que con sus "blas blas blas" y sus consejos no lograron aportarle nada; ella les escuchaba ardientemente y ponía en práctica sus ideas pero la maldita, renuente y acomplejada sociedad la rechazaba una y otra vez, no alcanzaba a integrarla en su seno como una más. ¡Esta ultima debería haber sido la receptora de la terapia psicológica!.
Parecía haber perdido toda esperanza cuando un día navegando por Internet se topo con la publicidad de un famoso cirujano plástico que podría tenderle la llave para mitigar su terrible angustia.
Cogió precipitadamente bolígrafo y papel y con manos temblorosas anoto la dirección y el teléfono de su consulta. Al día siguiente se puso en contacto con él, una amable enfermera descolgó el auricular y la emplazó con el doctor al día siguiente, a primera hora de la tarde.
Desempolvó su mejor ropa, se compuso lo mejor que pudo y se encamino aceleradamente hasta la clínica, notaba como el corazón le palpitaba, parecía como si le estuviese a punto de estallar. Los minutos en la sala de espera le parecieron eternos hasta que al fin escucho su nombre. Dentro el médico la recibió de manera muy amable y cordial, la tranquilizó y la hizo tumbarse en una fría camilla donde la examinó.
Sentada frente a su escritorio escuchó de sus pincelados labios la complicada y delicada operación que debería practicarle, la lenta recuperación a la que se vería sometida, garantizándole, con toda seguridad en su diagnostico. Un 90% de posibilidades de éxito.

-Usted tiene la última decisión, puede pensarlo todo el tiempo que desee.

Fueron las últimas palabras que pudo atinar a escucharle y que quedaron grabadas en su cabeza, la emoción la embargaba y no atinaba a articular palabra.
Salió de allí exultante de alegría, todo iba sobre ruedas salvo por el hecho de que no contaba con los suficientes recursos económicos para hacer frente a la costosa intervención. Así que una vez atravesado el umbral de su casa se volvió a hundir en la más honda de las tristezas.
Pasados unos meses, en una fría y lluviosa mañana del mes de Enero, y practicando zaping frente al televisor, halló la solución a sus problemas financieros, bastaba con presentarse a uno de esos programas lastimeros cuyo objetivo es herir y despertar la fibra sensible de los espectadores para que suelten. Sus ya mermados bolsillos por la crisis, en pro de una buena causa.
Así lo hizo, su tema despertó una gran expectación a nivel nacional, la cadena reventó índices de audiencia con los prodigios de su nariz, pero a ella , ya este circo, le importaba bien poco, había cumplido con creces su objetivo y sería una de las últimas veces que levantaría sonrisas despiadadas en las caras de sus conciudadanos.
La intervención a la que fue sometida fue un éxito, su vida cambió para siempre con su nuevo aspecto y a partir de aquel momento se consagró a través de diferentes Asociaciones a ayudar a los menores que han tenido la desgracia de nacer con una de esas enfermedades raras de las que tan poco se conoce y a cuya investigación y cura se dedican tan poco dinero.

Ana

Una nariz andante

Emulando a Quevedo os diré,
Que era una mujer
a una bombilla pegada.

Una nariz-bombilla andante
Cara minúscula
y una gran esfera mayúscula
así se veía a nuestra caminante.

Esfera luminosa y parlante
esfera blanquecina en la oscuridad
y rojiza en la claridad
todo un espectáculo para los viandantes.

Pero toda esa luz y color
estallaban ante una difícil situación.
Últimamente caminaba malhumorada
pues bombilla tras bombilla reponía
y todas rotas acababan.

Hasta que un día la luz se apagó
y entre tinieblas vagó y vagó.
Tiempo después algo oyó y todo cambió.

Eran risas y risas que la mecían entre caricias.
Sin saber cómo ni por qué
de nuevo a su cara la luz regresó
y pensó que tal vez esa era la solución.

Mercedes

Aquella señora tenía una nariz-bombilla que se encendía y apagaba según su estado de ánimo. De noche iluminaba el comedor. Lo malo es que cuando estornudaba, la bombilla estallaba…
Era muy desgraciada, solo quería morir, la vida ya nada le importaba. Solo causaba burlas y risas a su paso. No tenía amigos, todos le daban de lado. Estaba tan triste que decidió escapar una noche para no ser vista.
Anduvo horas, semanas y meses. Cuándo ya no podía más intento suicidarse, pero por suerte por allí pasaba un señor que la detuvo y le preguntó el porqué de aquello y ella le contó su problema.
El hombre le habló largo y tendido durante horas para hacerle ver lo bonita que es la vida. Le propuso trabajar en un circo que él conocía, como payaso. A nuestra protagonista le gustó la idea y aceptó.
Allí cambio su vida por completo. Tuvo mucho éxito con su nariz-bombilla que divertía a niños y mayores, pero lo que más le importaba es que por fin, era feliz, a pesar de su NARIZZZZZZZZ.

Pepa

lunes, 5 de abril de 2010

¿Qué pasó después?









Muchas veces, cuando terminamosla lectura de un libro, un relato o una historia nos preguntamos que tal les irá a los personajes en la vida, es decir, formulamos las siguientes preguntas ¿Qué pasó después?¿Cómo les va la vida? Una historia conocida por todas es La Cenicienta. ¿Qué tal si escribimos como le van las cosas a Cenicienta tras su boda con el príncipe?


Después de la celebración de la boda de Cenicienta con el Príncipe, decidieron ir de luna de miel por la costa andaluza. Cenicienta decidió llevarse algunos biquinis y pareos bastante llamativos, en cambio el Príncipe decidió llevarse algunas camisas menos llamativas y bañador tipo bermuda.
Cuando llegaron al hotel decidieron bajar a la piscina. ¡Cuál fue su sorpresa, al comprobar que se había corrido la voz de que estaban en ese hotel! Y como no, allí estaban los fotógrafos y paparazis buscando la foto más sonada.
Decidieron dar una rueda de prensa y concluir con el viaje. Pero Cenicienta se puso de morros y le dijo al Príncipe que buscara otro hotel, apartamento o casita rural porque luna de miel sólo hay una, pues luego llegan los hijos y todo se va al cuerno.
Visto esto, el Príncipe buscó en Internet y vio una casita cerca del mar, bastante bonita se la mostró a Cenicienta y decidieron ir allí para pasar esos días.
Cenicienta vio que la casa no le faltaba de nada, había microondas, lavavajillas, lavadora... por lo tanto había de todo, ella estaba hecha a trabajar y pensaba estar estos días de vacaciones pero al mismo tiempo cuidando a su maridito.
El Príncipe, en cambio, pensaba tener a sus mayordomos y andar como Pedro por su casa, pero cuál fue su sorpresa al comprobar que tenía que ayudar a su mujer. Tenía que ir al mercado a comprar, regar las flores, sacar al perro...
Estos problemillas fueron sacando al Príncipe de sus casillas y decidió plantearle a Cenicienta su malestar. Ella le habló con paciencia y le explicó que él había sido muy afortunado en tenerlo todo pero que la realidad no era la que él vivía.
Terminada la luna de miel volvieron a palacio y el Príncipe un día decidió vestirse como uno más del reino y visitó algunos pueblos de su reino y comprobó la verdad que Cenicienta le había dicho.
Volvió al castillo y decidió ser un buen marido, además de un buen príncipe compartiendo todo con sus súbditos.
Charo


Casada ya Cenicienta con su príncipe, conoció en una de las muchas fiestas que celebraban, a otra hermosa princesa, Aurora o como también era conocida, la Bella Durmiente. Ambas entablaron una gran amistad y mientras sus esposos jugaban a la guerra, ellas aburridas de tanta ociosidad, decidieron crear una escuela de arte, pues a las dos les gustaba la pintura y la escultura.
Algo que comenzó como un mero entretenimiento, fue cada vez convirtiéndose en un proyecto más ambicioso. Muchas jóvenes de diferentes lugares acudían para aprender e intercambiar ideas y estilos.
Pronto fue algo más que una escuela de arte, era un lugar de comunicación, de reflexión, de inspiración. Tanta fama obtuvo, que los maridos de ambas algo celosos y muy asustados intentaron acabar con el proyecto pero... ¡era demasiado tarde!. Ellas y sus alumnas se sabían por primera vez dueñas de un sueño propio. Y si las querían tendrían que respetar su sueño.
Y así fue como dos de las protagonistas de nuestros cuentos comenzaron a reivindicar otro papel que no fuera el de estupendas y monísimas esposas.
Mercedes



Cuando el Príncipe y Cenicienta se casaron y terminaron el convite, se fueron de luna de miel a una isla preciosa y encantadora. Cuando llegaron, Cenicienta y el Príncipe se pusieron cómodos,
y se echaron un rato para descansar del viaje. Luego cuando se levantaron fueron a comer. Al Príncipe le encantaban los cocteles de fruta y a Cenicienta, un buen pescado. Cuando reposaron del banquete se cambiaron y se pusieron sus trajes de baño, Cenicienta un bikini precioso y el Príncipe un bañador. Cenicienta corrió hacia el agua y llamaba al Príncipe para que viera el agua cristalina. Se veían los peces, los cangrejos, hasta un caballito de mar. El príncipe le propuso bucear pero a Cenicienta le daba miedo pues nunca había buceado. Al Príncipe no le importó y le dijo:

- Bueno, entonces nos damos una vuelta por la isla haber si cogemos algunos cocos.

Cenicienta estaba disfrutando mucho, ella nunca había ido a una isla tan bonita y para ella era un sueño. Empezaron a andar para ver si cogían algunos cocos y Cenicienta cogió algunas flores muy bonitas pues a ella le encantaban las flores. Cuando llegó al hotel las colocó en un jarrón para que su habitación hermoseara más.
Rosa


Al principio todo resultó maravilloso, pienso que como en cualquier pareja, vivir en palacio rodeada de lujos, comodidades, criados, criadas, doncellas, bailes, fiestas, y sobre todo los mimos, caricias, ternura y el amor que su príncipe derramaba hacia ella. Pero el paso del tiempo y la rutina rompieron el hechizo, nuestra Cenicienta de cuento despertó a la cruel y dura realidad, y la vida en palacio se le hizo muy cuesta arriba.
Ya no había diálogo entre ellos, no tenían proyectos en común, su príncipe pasaba demasiado tiempo fuera de palacio y ella se sentía muy sola, pérdida en su inmensidad. Cenicienta intuía que "su amor " buscaba las caricias de otras princesitas de cortes cercanas, eso la irritaba, apretaba los puños conteniendo su rabia y lloraba y lloraba.
Cuánto añoraba no haber hecho caso a sus padres y haber terminado y ejercido su carrera de filología para ser una mujer independiente y poder hacer con su vida lo que le hubiese dado " la real gana ", nunca mejor dicho.
- Hija, no te ates a ningún hombre, vive la vida a tu gusto, sin ataduras, le repetía su madre una y otra vez. Pero ella no quiso escuchar, la habían educado como a casi todas las niñas, en la búsqueda del príncipe azul y eso fue lo que hizo.
Tras los primeros años de felicidad absoluta, llegaron los hijos ¡ qué ilusión !, pero la ilusión no fue tanta cuando, como a todos los hogares, la crisis llegó también a palacio y hubo que recortar gastos y despedir trabajadores: mayordomos, nodrizas, cocineros, chóferes etc., etc. al paro), y allá que Cenicienta se tuvo que poner a dar clases particulares para sacar unos dineritos extra, lo que unido a llevar y recoger niños, hacer deberes, preparar comida, cena, baños, mientras su esposo, un hombre de carne y hueso como todos los hombres, se pasaba las horas delante de su ordenador o viendo sus partidos y programas favoritos en la tele.
La pobre, ya no tenía tiempo para ella, se había descuidado tanto que no parecía la misma.
¿Dónde estaba su larga y rubia melena, su esbelta figura, su tez blanca y delicada, sus cuidadas y suaves manos, y sobre todo dónde había quedado su carácter alegre, su ternura, su sonrisa, su paciencia y gratitud hacia los demás, y sus ganas de cantar y vivir?
Un día al levantarse, harta ya de culpabilizarse de la actitud esquiva de su esposo y de la jodida y esclava vida que llevaba decidió solicitar el divorcio., al que príncipe y princesa llegaron de mutuo acuerdo. En la actualidad se ven de vez en cuando y mantienen la compostura por el bien de los hijos y nuestra Cenicienta se siente feliz por sentirse libre.





Ana


Después de una bonita luna de miel, Cenicienta y su lindo esposo, el príncipe, regresan al castillo, donde le esperan nuevas ocupaciones en su nueva vida que acaba de comenzar. Como heredera real, descubrirá que tiene que encargarse de tareas que no son nada fáciles. Por su parte, cuenta con la ayuda del Hada madrina y de sus amigos los ratoncitos.
Cuando regresaron de su luna de miel, Cenicienta nunca se estaba quieta, siempre de aquí para allá ordenando y limpiando todo lo que encontraba a su paso. Le daba igual lo limpio y reluciente que estuviese su palacio, ella siempre encontraba una mota de polvo o una mancha en un cristal.
Cuando Cenicienta, si no estaba limpiando o ayudando a los demás, cogía a sus ratoncitos y se iban a pasear por sus hermosos jardines. Un día paseando llegó hasta la aldea, y no le gustó lo que vio... niños trabajando, otros pidiendo, casas deterioradas. Se fue corriendo a palacio y se lo contó todo al príncipe, había que darle una solución .El príncipe, asombrado, le dijo Cenicienta que no se preocupaba, que todo se arreglaría.
A la mañana siguiente, el príncipe acompañado de Cenicienta, llevaron comida suficiente para todos.
-Yo, Cenicienta, os prometo que a partir de ahora, arreglaremos las casas que estén rotas... daremos casas a quienes no las tengan, construiremos una escuela para los niños para que aprenda a leer y a escribir. Tendrá un hermoso jardín para que puedan jugar. Y cualquier persona por muy pobre e humilde que sea tiene que tener los mismo derechos que los demás.
Todos estaban felices y su marido el príncipe más todavía, se sentía tan orgulloso de Cenicienta… Él sabía que iba a ser una buena Reina, la Mejor de todas las Reinas.
Mari Ángeles


La verdad es que a la Cenicienta le cambio mucho la vida. Primero tuvo que aprender todo el protocolo para saber cómo comportase en sociedad. Viajo por todo el mundo durante varios meses. Se relacionó con otros príncipes y Reyes. Estudió idiomas, dio clases de música y bailes. Para ponerse al día tardó dos o tres años.
También tuvo un asesor de imagen y cuando ya estaba cansada de todo esto, se escapó por la noche con el príncipe, por supuesto, a una isla desierta a vivir la vida lejos de todo.
Ya han pasado muchos años y nadie ha sabido de ellos.
Y COLORÍN COLORADO ESTE CUENTO SE HA TRANSFORMADO.
Pepa


Cenicienta y el príncipe después de su boda, se fueron a vivir al castillo. Cenicienta perdonó a su madrastra y a sus hermanastras y se las llevo a vivir con ella.
Pasaron tres años y todo transcurría bien. Iban de fiestas en fiestas y la convivencia entre todos ellos estaba bien. Pero pasado estos tres años el príncipe empezó a comportarse raro con ella. Se iba solo de viaje, según él, por motivos de estado y dejaba a Cenicienta sola mucho tiempo y ella empezó a aburrirse de estar metida siempre en el castillo y echaba de menos su vida anterior.
El príncipe cuando venía de sus viajes no estaba con ella como siempre. Le pidió consejo a su madrastra y esta le dijo: que eso era normal porque tenía muchas obligaciones que atender en su reino y que tuviera paciencia.
Pero Blancanieves decidió averiguar por ella misma que era lo que le ocurría a él. Sé puso a perseguirlo y a observarlo hasta que por fin vio con sus propios ojos lo peor que podía ver y era como el príncipe le estaba engañando con su madrastra.
Se le vino el mundo encima y decidió irse del castillo y vivir en su antigua casa rodeada de las personas que de verdad la querían. Allí volvió a ser feliz como antes y conoció a un hombre normal , nada de príncipe, que la hizo muy feliz y tuvieron dos hijos.

Paqui

lunes, 22 de febrero de 2010

Otro punto de vista...


El paseo matinal

Pasaba por ahí todas las mañanas, con las manos nerviosas ocultas en los bolsillos de su abrigo ya tan raído. La observaba en silencio, hasta olvidaba el hambre por momentos mientras le enviaba imágenes alegres, celos, sufrimientos.
Concentrábase en ese aire altanero, en esa distancia suya, en sus ojos perdidos a lo lejos. Nunca pudo desalentarlo su indiferencia, tampoco su distinción tan lejana a su propia miseria.
Ella tal vez en ocasiones sentía la calidez de su mirada; quizás hasta alguna vez quiso responderle, sonreírle a él en especial o derramar alguna lágrima. Pero hay tantas cosas prohibidas para un maniquí encerrado en una vidriera. Aún así, él sobrevivió todo ese tiempo gracias a ella.”


Diego Muñoz Valenzuela

En este texto se cuenta lo que piensa un maniquí con respecto a una mujer que pasa por delante de él todos los días. Escribid un relato cambiando el punto de vista: ¿Qué piensa la mujer del maniquí? ¿Quién era ella y adonde se dirigía todos los días?. Imagina que el maniquí sale del escaparate e inventa un final para esta historia.

De "Algunas propuestas didácticas para
desarrollar la escritura creativa"
Mª Isabel García Uría



EL MANIQUÍ

Ella piensa que él no sufre en esta vida, porque ni come, ni duerme, ni trabaja. Siempre est igual porque es un maniquí.
Sin émbargo, a ella le ocurre todo lo contrario, pasa muchas necesidades porque es una mendiga.Todos los días se dirige a buscar trabajo o a un albergue para comer.
Una mañana miró el escaparate y se dio cuenta que el maniquí no estaba. Se le cayeron dos lágrimas y la tristeza se reflejó en su cara, porque poco a poco, sin darse cuenta, se había enamorado del maniquí y con tan solo verlo, se sentía feliz.
Al doblar la esquina se encontró con el maniquí, había cobrado vida. Ella se puso muy contenta y al verse, los dos se abrazaron.
El maniquí le dijo:
- No te preocupes, pues no vas a pasar mas necesidades mientras estés conmigo.
Al poco tiempo los dos se casaron y vivieron muy felices.

Rosa


MI MANIQUÍ


Vivo en una gran ciudad, en una conocidísima calle de la misma. Muchas veces me arrepiento de la decisión que tomé hace algunos años. ¿Por qué? Es fácil contestar. Por mi calle pasan muchas de las manifestaciones a favor o en contra de algo. Contra el aborto o a favor de él, contra el nuevo plan de pensiones, para celebrar el ocho de marzo, incluso el primer viernes de ese mes tenemos las interminables colas para visitar al Cristo de Medinaceli. Por supuesto hablo de la calle Atocha en Madrid.
Pero cuando se me pasa el cabreo porque cortan el acceso a las calles adyacentes o, porque es un hervidero de gente, reconozco que no podría vivir en otro lugar. En mi calle y en mi barrio se confunde lo novedoso con lo clásico, la reivindicación con el pasotismo, la cultura de los museos, con la cultura de la calle. Sobre todo es una zona con una gran mezcla de gentes venidas de todos los lugares imaginables y esto es enriquecedor.
Por lo tanto he de reconocer que cuando me queda tiempo, me gusta pasear por sus innumerables recovecos.
En uno de esos paseos he descubierto que han abierto unos nuevos almacenes. Tiene enormes escaparates y me ha llamado la atención un grupo de maniquíes que han colocado. Parecen personas de verdad. Hay un niño como de unos cinco años y he tenido que acercarme para comprobar que no era humano.
Regreso a casa despacio, intentando saborear cada minuto de este agradable paseo, pero algo interrumpe de vez en cuando mis pensamientos, algo me incomoda.
He vuelto sobre mis pasos y allí está. Es un maniquí de unos cincuenta y dos años. Representa a un hombre atractivo, con ropa informal pero con estilo. ¡Madre mía, hombres así no existen!
Al volver a casa sigo pensando en el apuesto maniquí tanto, que he llamado a una amiga y se lo he contado. Ella se ha reído de mí hasta dolerle la mandíbula y me ha dicho " llevas demasiado tiempo so-la”. Tal vez tenga razón, pero al día siguiente estaba deseando terminar de trabajar para ir a visitar a " mi maniquí”.
Ahí sigue, lo más sugerente de él es su porte, su actitud de indiferencia y de saberse observado.
Creo que me lo quiero llevar a casa, así que trazo un plan.
Pasados dos días, me he presentado en los almacenes, ¡ah, me dedico a la publicidad!, he hablado con el jefe de planta, que a su vez ha hablado con no sé quién, para que me prestaran "ese maniquí". El motivo, incluirlo en un anuncio que tengo en mente. Después de algún tira y afloja he conseguido mi objetivo. Así que sin perder un minuto, he ido a por él en la furgoneta de Lurdes (esa amiga a la que llamé para hablarle de... y se rió de mí) y por supuesto me ha acompañado recordándome todo el camino que estoy loca.
Bueno ya está en casa. ¿ Y ahora qué ?. Lo he sentado en el sofá, me he acurrucado junto a él. Joder que duro es. Lo he semidesnudado, bueno de momento nada de nada. Luego lo he desnudado del todo, ¡pero si ni siquiera tiene...! Menuda bajada de la libido. Acaba de romperse toda mi atracción hacia él.
Lo peor es que acabo de darme cuenta de lo ridículo de la situación, además se me cae la cara de vergüenza al pensar que debo devolver este maniquí a su escaparate. Y para colmo de los males Lurdes me ha dicho que no piensa acompañarme ni prestarme su furgoneta.
Mercedes




Todos los días desde hace dos años, pasó por una boutique, me paró para observar como está decorado su escaparate y la ropa que tiene puesta.
Hay dos maniquíes. Uno es un hombre siempre vestido muy elegante, con una peluca rubia y ojos azules y el otro es el de una mujer morena, esbelta y ojos oscuros, vestida a la última moda siempre.
Y últimamente me he preguntado al verlos:
-¿Las cosas y las historias que podrían contar si tomarán vida? Porque habrán visto pasar a toda clases de personas.
Niños mirándolos, tocándoles por los cristales y haciéndoles burlas, jóvenes y menos jóvenes. Unos diciendo lo bonitos que son los trajes con los que van vestidos y otros que son muy caros y no pueden comprárselos, aunque les encantarían hacerlo.
Pero cuál fue mi sorpresa al pasar hoy por ese mismo escaparate y ver a los dos maniquíes desnudos y retirándolos del escaparate. Me ha dado mucha pena y tristeza, pues era algo a lo que ya estaba acostumbrada a ver todos los días.
Pero la boutique la van a cerrar por culpa de esta maldita crisis.
Paqui


Desde la ventana de mi dormitorio, recién levantada, observaba ansiosa aquel personaje un tanto estrafalario. Llamaba la atención por su porte snob y diferente a los demás transeúntes, de su mano pendía un maletín de piel que debía haberle costado muy caro.
Caminaba con diligencia todas las mañanas cuando mi ciudad casi no había despertado, siempre a la misma hora, transmitiendo seguridad, parecía controlarlo todo, hasta casi el tiempo.
En su rutina solía detenerse durante unos segundos frente al polvoriento escaparate de una de esas tiendas de barrio que parecen llevar allí desde hace una vida, con su viejo mostrador de madera, su decoración obsoleta, pasada de moda, igual que sus artículos, dependientes y compradores.
Parecía mostrar mucho interés por uno de los maniquíes que prestaban su servicio en aquel comercio; aquel muñeco descolorido, desconchado, falto de uno de sus apéndices y encorsetado por un anticuado traje azul marino, con su camisita y corbata a desjuego.
Pude conocer, por María, " cotilla " de aquella acera, la noticia que corrió como polvorilla entre los convecinos, que aquel mi apuesto y flamante hombrecito se trataba de un famoso diseñador de moda, de esos , como ella se jactaba decir, que salían por la tele y exponían sus modelos sobre las pasarelas más importantes de nuestro país y del extranjero.
Al parecer fue su progenitor quién esculpió ese maltrecho maniquí dándole vida entre sus maduras manos y él en su nostalgia por recuperar el pasado, mandó restaurarlo y darle un aire nuevo más acorde con el conjunto de las salas y modelos de las colecciones que debería exhibir.
Más la historia de este diseñador como recogieron los medios de comunicación de todo el país no terminó del todo bien; cuentan que perdió la cordura escuchando los lamentos y sollozos de su maniquí al que veía, contaba a sus conocidos, errar día y noche implorándole que lo devolviera al lugar del que nunca hubiera debido haber salido.
Lo encontraron muerto sobre la cama de su lujoso dormitorio apenas contaba 30 años, al parecer de una sobredosis. Nunca se supo cómo ni quién devolvió al maniquí de su desgracia al escaparate que lo vio envejecer.
Ana


Ella era una vendedora de lotería y todos los días pasaba por allí, pues cerca se encontraba su kiosco de la Once.
Estaba en un escaparate de unos almacenes ya muy viejo, por supuesto era un maniquí. La mujer pensaba que estaría muy solo, aburrido por estar siempre en el mismo sitio y que no tendría a nadie. Sentía mucha pena por él.
Cada vez que pasaba se quedaba mirando el escaparate, algunas veces fijamente y otras de reojo para que él no se diera cuenta.
Transcurrían el tiempo y cada vez pasaba más tiempo frente al escaparate, sin duda se había enamorado del maniquí. Se llegó a obsesionar de tal manera, que enfermó.
Transcurrieron varias semanas hasta que de nuevo volvió a pasar por allí. ¡Oh! ¡que desilusión!, ya no estaba. Habían quitado a su amor del escaparate, el maniquí.
Fue tanta la pena que le produjo que enfermó gravemente y murió de amor.
Para que vean que de amor, también se muere...
Pepa



Llevaba mucho tiempo atravesando aquella calle porque mi trabajo estaba cerca de allí, en unos bloques de oficina. Yo era una de tantas secretarias que allí se ganaba la vida.
En una de las tiendas de esta calle había un escaparate que me llamaba la atención. Había un maniquí que aunque era de plástico, parecía tan natural que a veces sentía que me observaba.
Siempre que pasaba le miraba aunque fuera unos instantes. Cada cierto tiempo, cambiaba de trajes. A veces iba con traje chaqueta, otras de sport, con ropa de invierno, de verano... La cuestión es que su caballerosidad y planta se veía a 100 leguas. Me fascinaba mirarlo, parecía que me guiñaba al pasar.
Pasó el tiempo y una noche de Navidad los compañeros decidieron hacer una fiesta en la oficina, yo decidí ir. Al pasar por el escaparate observé que lo habían vestido de Papa Noel y la verdad es que me hizo gracia...
La fiesta se prolongó hasta altas horas de la madrugada y como era tarde decidí marcharme, pues el hecho de no encontrar a nadie que fuera en mi misma dirección, me preocupaba un poco. Cuando atravesaba dicha calle me asaltaron dos enmascarados que me pidieron el bolso, con mucho miedo se lo di y les dije que no me hicieran nada. De pronto vi a un Papa Noel que les hizo frente y me defendió de los atracadores.
Por unos instantes miré hacia el escaparate y cuál fue mi sorpresa al observar que el maniquí que se hallaba allí había desaparecido.
Los enmascarados salieron corriendo y dirigiéndose hacia mí, el Papa Noel me dio el bolso y me preguntó si me habían hecho daño. Respondí que gracias a él todo había sido un mal susto.
Me acompañó hasta mi casa y le di las gracias. Le dije que a ver si nos veíamos algún día para tomar un café y agradecerle su ayuda. Cuál fue mi sorpresa cuando me dijo que ya nos conocíamos y que mi mirada le daba un soplo de vida. Al girarme después de abrir la puerta de mi casa y darle de nuevo las gracias, vi que el Papa Noel no estaba, miré hacia un lado y otro y no vi a nadie.
A la mañana siguiente al pasar de nuevo por esta calle, observé que el maniquí vestido de Papa Noel estaba allí.
Después de lo ocurrido, deduje que me habría emborrachado algo más de la cuenta y habría tenido alguna alucinación con dicho Papa Noel, pero fuera lo que fuera yo sé que había sido él pues al pasar me guiñó un ojo y sonrió. Me paré y con una gran sonrisa le di de nuevo las gracias.
Charo


Nunca me habían gustado los maniquís, tan inexpresivos, tan ausentes. Sin embargo, todas las mañanas me paraba delante de ese escaparate como arrastrada por una extraña fuerza que me atraía y me obligaba a mirar a hurtadillas, la figura altiva e inmóvil del maniquí. De los escaparates, más que los artículos que en ellos se exponían, siempre me había gustado ver mi figura reflejada en los cristales. En casa no tenía espejos de cuerpo entero, así que aprovechaba mis paseos por las tiendas para poder mirar el aspecto que llevaba.
Desde hacía algún tiempo, la figura del maniquí me obsesionaba, creía que había algo en él que lo hacía diferente a los demás. Me puse manos a la obra. Saqué la vieja cámara de fotos y fotografié decenas y decenas de maniquíes. Tuve que dejar pronto esta repentina afición, pues resultaba muy difícil encontrar carretes para mi antigua y obsoleta cámara.
Decidí revelar los carretes en casa, pues tenía un pequeño cuarto donde todavía conservaba una ampliadora de las de antes y algunos botes de líquidos propios para la ocasión. Imaginé, por un momento la cara de Manolo, el de la tienda de fotos, pensaría que se me había ido la pinza… fotos de maniquíes.
Después de intensas horas de revelado, nada. Todos eran iguales, los mismos rasgos, la misma mirada perdida, la palidez de su cara, nada de nada. Opté por olvidarme del tema y cambiar mi ruta de paseo.
Meses después, recibí una llamada de mi amiga Lucía. Estaba en Madrid, de turismo urbanita. Quedamos para tomar café. Lucía estaba como siempre, dicharachera, habladora pero algo en sus gestos y en su mirada me hizo dudar de su buen ánimo. Cómo nos conocíamos desde hacía muchos años y habíamos compartido siempre casi todo lo que nos pasaba, le pregunté directamente.
- Lucía, estás rara. ¿Algo que contar?
- Violeta, pensarás que estoy loca.
- Bueno, eso no es nada nuevo…
- Que no, Violeta, que me están pasando cosas extrañas. No te rías, estoy obsesionada con un maniquí, tanto que creo verlo en todas partes. Ahora mismo, está aquí. Nos separan dos mesas. Mira con disimulo, por favor- susurró Lucía.
Me quedé petrificada. Era él.
Rita


Todos los días caminando hacia el trabajo, me paraba a ver el escaparate. Me llamaba la atención aquel maniquí que todas las semanas cambiaba de vestuario. Era elegante y de piel morena, pero sus ojos tenían un punto invisible, mirada perdida y desconectada del mundo. Un mundo que gira a su alrededor, sin conocer los colores de la vida, ajeno al tiempo mientras una variedad de vestuario cubre su cuerpo. Pobre maniquí, sin sonrisa y sin muecas, como si su alma estuviera muerta.
Me imaginaba al maniquí fuera de escaparate, con ese porte tan guapo... seguro que sería feliz ¿o no? Estaría casado o sería modelo o un pobre diablo.
Extraño maniquí que nunca puedo dejar de mirar.
Sonia

martes, 16 de febrero de 2010

La hipótesis fantástica






Hoy vamos practicar una imaginativa técnica de Gianni Rodari que consiste en desarrollar una historia partiendo de esta pregunta: ¿Qué pasaría si...?. Es decir, debéis escribir una historia partiendo de una de las hipótesis fantásticas que se plantean.







Por ejemplo, podían ser éstas:

• ¿Qué pasaría si al abrir la puerta te encontraras con un cocodrilo que te pide un poco de perejil?
• ¿Qué pasaría si al despertarte te hallaras dentro de un zapato?
• ¿Qué pasaría si desapareciera de repente todo el dinero del mundo?
• ¿Qué pasaría si te eligieran rey por una semana?
• ¿Qué pasaría si notaras que te están saliendo alas? …



El cocodrilo

- ¡Buenos días, vecina!¿podrías darme un poco de perejil?Es que estoy cocinando carne de cebra y este condimento le viene muy bien.
- ¡Cómo no, enseguida señor coco... coco...! (He cerrado de un portazo y me he escondido detrás)
¡No puede ser, un cocodrilo en la puerta de mi casa y pidiéndome perejil!
- ¡Juan, Juan! Ya no fumaremos más porros de esos que traes últimamente. Me producen unas alucinaciones terribles.
Un poco incrédula y asustada me acerco a la mirilla y... ¡claro! allí no hay nadie.
- Pero, ¿es qué esperabas ver a un cocodrilo tras la puerta?, me digo a mí misma. Pues sí que estás fumada.
Con un poco de intranquilidad en mi cuerpo, me he dado una ducha y he salido a comprar el periódico y algunas cosas que necesitaba y no sé por qué miro de reojo a derecha e izquierda. Me estoy poniendo cada vez más nerviosa, así que paro un instante, tomo aire y me digo: a ver eres una mujer sensata y no crees en fantasías de ese tipo. Recupera la cordura, por favor.
Un poco más tranquila decido entrar en un bar y tomarme el café de todos los días a esa hora. Bueno hoy voy a cambiarlo por una tila. Ya relajada vuelvo a casa algo más tarde de lo habitual. Supongo que Juan habrá preparado el almuerzo.
Para mi sorpresa está de cháchara con algún colega que ha venido a saludarlo. Lo sé porque veo latas de cerveza, patatas y algo de queso sobre la mesa.
Juan me ha oído al entrar y me dice desde el salón:
¡Tesoro, pasa!, el nuevo vecino ha venido a presentarse y nos invita a comer. Ha traído un plato típico de su país. No te lo puedes imaginar, es carne de cebra.
Creo que acabo de tirar todo lo que traía al suelo y hasta yo me he tirado a él.
Juan y el vecino vienen corriendo hacia mí. Los oigo, pero no los veo, pues no quiero abrir los ojos y encontrarme con...
- Amor, ¿qué te ha ocurrido? Mira este es Paul, viene de Kenia, lo de la carne de cebra era una broma, en realidad nos invita a unos excelentes canelones que acaba de cocinar.
Poco a poco abro los ojos y ante mí, además de Juan está Paul un keniata que nada tiene que ver con cocodrilos o eso creo, porque alrededor de su cuello lleva colgando un gran diente que ni se, ni quiero saber a qué animal pertenece.
Mercedes


Rosa, la reina


El sábado fui de compras a Carrefour. Estaba lleno de gente y por curiosidad me acerqué a ver que pasaba. Era un sorteo cuyo premio era ser reina por una semana.
Yo como soy tan caldeosa, me apunté en el sorteo y con un poco de suerte, me nombraron reina. Me puse tan contenta, que ni yo me lo creía...
Me pusieron la corona, me dieron un cheque para que me comprara lo que yo quisiera. Me llevaron hasta la puerta para enseñarme la limusina, con chófer incluido, para que me llevara a donde yo le dijera. Además durante esa semana viviría en un castillo.
Yo estaba alucinando pero también tenia las obligaciones de una reina. Enseguida me puse a trabajar, era un poco difícil pero aprendí rápido.
Lo que mas me gustaba era la noche, me tenía que vestir de gala para la cena. Después de la cena, el baile era fantástico. Hasta que llegó el ultimo día y tenía que abandonarlo todo.
Se me acabó la semana para ser reina pero disfruté mucho y volvería a ser reina por otra semana.


Os voy a contar un cuento que tuve. Resulta que iba con mi coche conduciendo, cuando de pronto me vi en un gran atasco. Era la hora punta de los trabajos, un calor asfixiante, no podía salir de allí.
Se escuchaban las voces de los conductores gritando y el sonido de los claxons que no cesaban de sonar. Yo me quería morir, iba con el tiempo justo para recoger al niño de la guardería y encima me había dejado la comida cociendo a fuego lento. Estaba muy agobiada.
Sentí un picor por la espalda que iba en aumento por minutos, me pasé la mano por ella y que susto me llevé al notar unos bultitos a cada lado que se iba transformando poco a poco en unas alas, sí increíble, pero cierto.
Abrí la puerta del coche para escapar del miedo que tenía, pero lo mejor fue que salí volando.
Aquello fue todo un espectáculo, la gente miraba asombrada sin dar crédito a lo que estaban viendo sus ojos. ¡Qué bonito volar! Me sentí libre y pude escapar de aquel atasco.
Cuando mejor me lo estaba pasando, sentí una voz al oído, decía:
- Mamá, despierta que te has quedado dormida…
Era mi hijo.
¡Qué dulce sueño!, pero como decía Calderón los sueños, sueños son.
Pepa


Ayer, al mediodía estaba en mí casa sola cocinando, cuando llamaron a la puerta. Abrí y un cocodrilo verde de un metro y setenta centímetros con grande dientes blancos y cola larga me pregunto:
- ¿Tienes un poco de perejil para darme? Es que me hace falta para echárselo a las coquinas que estoy haciendo.
Empecé a gritar ¡aaaaaaaaahh!
Yo pensé que me moría del gran susto que me dio. El cocodrilo me cogió del brazo y me llevó hasta dentro de mi salón, me sentó en el sillón y me dijo:
-No te asustes que soy yo, tú vecino Vicente.
Se quito la máscara y ya me tranquilicé. No me acordaba que era "DOMINGO DE CARNAVAL".
Empezamos a reírnos, aunque a mí no me hizo mucha gracia. Le di el perejil y se marchó. Cuando se lo conté a mi familia se rieron todos de mí. Pero yo pensaba:
- Si os hubiese pasado a vosotros no os reiríais tanto…
Paqui



No sé cómo había llegado hasta allí; me recuerdo con mi batita y mi pijama enguatado regañando con los niños para que se metieran en la bañera, friendo boquerones para la cena y ultimando la comida del día siguiente y de pronto en esa gran sala, sentada en un sillón de terciopelo rojo y patas retorneadas, una enorme mesa rectangular decorada con discretos centros de flores, finamente montada y rodeada de comensales ricamente vestidos y pulcramente peinados y maquillados.
Alguien que iba ataviado como un mayordomo me preguntó:
- ¿Su majestad desea que le sirva más vino?
- ¿Su majestad? ¡Qué majestad ni ocho cuartos! ¡Lucía, Lucía esa soy yo! , estuve a punto de gritarle, pero me contuve porque justo en ese momento un rostro afinado y sonriente me susurró.
- ¿Te diviertes querida? ¿Disfrutas de la cena de Estado?
- ¡Sí, mi amor! Le respondí melosamente.
¿Y por qué no? , les seguiría la corriente, ¡no me vería en otra igual! Simularía ser una refinada y educada reina, es lo que todos esperaban, sólo era cuestión de observar e intentar seguir el protocolo que ellos cumplían a rajatabla.
Tras la cena comenzó el baile ¡Oh Dios, qué maravilla! ¡Qué gustazo cuando me vi reflejada en uno de los espejos! Iba embutida en un precioso vestido de seda verde esmeralda, caminaba sobre unos zapatos a juego con unos tacones de infarto, seguro que el conjunto habría costado un huevo, pero qué más daba ¡qué leche, ahora me lo podía permitir! ¡No tendría que esperar a las rebajas!
Entrada la noche y terminada la recepción los invitados se despidieron uno a uno, estaba agotada, necesitaba descansar y reflexionar sobre mi nueva situación.
Los siguientes días me marcaron una rutina totalmente distinta a la que hasta entonces había tenido , actos y más actos , recepciones , viajes , entrega de premios, asistencia a funerales , todo en mi nueva vida estaba encorsetado , todo medido y estudiado ¡Sí lo tenía todo! , pero me faltaba lo más importante, la libertad de decidir y tomar mis propias decisiones, vestirme a mi gusto aunque la ropa fuese de una de esas cadenas de moda para los españolitos de a pie, comer lo que me apeteciera… en definitiva ser yo misma.
Echaba muchísimo de menos mi trabajo, los abrazos y caricias de mis niños, mi cama, mi sofá, mi perro, así que hice como en las películas, apreté fuertemente los ojos y deseé con todas mis fuerzas regresar a mi hogar, a mi hogar dulce hogar y mi hada madrina con su varita mágica debía estar cerca porque así sucedió .
¡Joder, qué pelos! Debería ir a la peluquería a recomponerme un poquito. A ver si saco algún ratito. ¡Madre mía! ¡Como estaba la casa! ¡Qué desorden y qué de porquería! pero no me importaba, formaba parte del conjunto.
No sé cómo explicarlo pero la vuelta a la normalidad me produjo un gran alivio, al fin pude respirar a gusto.

Ana


EL COCODRILO VENDEDOR

-¡Ding, don!
-¿Quién será a estas horas? Seguro que alguien pidiendo.

Lidia se coloca su bata anaranjada se arregla un poco el pelo y abre. Se lleva una gran sorpresa cuando descubre a un enorme cocodrilo de ojos saltones y colmillos afilados, sobresaltada intenta cerrar la puerta de un golpe pero la mayúscula fuerza de la bestia se lo impide.
- ¡Señora ¡ Cálmese, no he querido asustarla , no es mi intención hacerle daño. Disculpe, deje que me presente. Me llamo Godofredo, Godofredo Pantanoso de Los Barros para servirle a usted y a quién mande, de profesión agente comercial y para mí sería un placer presentarle la nueva gama de productos de belleza “Cocodrile“.
- Está bien. Contestó ella. Pero hágalo rápido que estaba a punto de preparar la cena a los niños.
- Como usted guste. Déjeme exponerle las enormes ventajas de la crema hidratante elaborada a base de algas y partículas de barro; detiene el envejecimiento aminorando en un 80% las temidas y antiestéticas líneas de expresión. Puedo ofrecerle igualmente, dentro de nuestra gama, el fabuloso contorno de ojos que no sólo eliminará sus arrugas sino que al cabo de dos o tres aplicaciones sus bonitos ojos lucirán saltones y vidriosos, ya verá todo el mundo se fijará en ellos. Y si lo que desea es volver loca a su pareja, no dude en aplicarse unas gotas del nuevo perfume “Bêtial “, ya verá harán el amor de forma escandalosa.
Podría continuar con mi retahíla de artículos pero como veo que no dispone de mucho tiempo, opto por dejarle nuestro catálogo de productos de la nueva temporada primavera-verano para que lo ojee detenidamente y ya me pasaré de nuevo por aquí en un par de días, si no le molesta, para recoger su hoja de pedido.
Nuestra protagonista anonadada, no sabía que contestar, no podía dar crédito a lo que acababa de presenciar, había enmudecido, no acertaba a pronunciar palabra hasta que la ronca voz del vendedor la devolvió a la realidad.
- Señora, señora, ¿me está usted escuchando?
- ¡Oh sí! Lo siento, está bien puede dejar el catálogo ahí mismo pero antes de marcharse querría hacerle una pregunta, ¿cómo ha logrado adaptarse a la vida en nuestra sociedad?
- ¡Ah! Eso ha sido fácil, me cansé de la rutina de la charca y pasé a formar parte del conocido programa de “Inserción laboral del mundo animal“, unos amables veterinarios nos introducen un dispositivo que controla nuestros impulsos, nuestros instintos natos, nos permite hablar, pensar y comportarnos como un ser humano, una revolución total, ya le digo. Bueno, no le quito más tiempo, encantado de haberla conocido.
- Igualmente, adiós, nos vemos ¡que le vaya bien! El ascensor no funciona, tendrá que bajar por las escaleras, encienda la luz y tenga cuidado no vaya a resbalar.
- No se preocupe , eso no va a ocurrir, ya estoy acostumbrado a caminar ¡Chao!
Ana


Decidí, después de darle muchas vueltas a la cabeza, coger el dinero que tenía en la hucha para pagarme un caprichito, cuál fue mi sorpresa al comprobar que en la hucha no había ni un euro.
Extrañada busqué, por si lo había dejado en otro lugar y nada de nada. Pensé en seguir buscándolo más tarde.
Quería ir al supermercado y cogí mi monedero, miré para comprobar la cantidad que llevaba, pero mi sorpresa fue que no había ningún euro; ni en monedas, ni en billetes. Esto me sacó de quicio y pregunté a mi marido por si él lo había cogido y me dijo que algo parecido le había ocurrido, su billetera estaba vacía.
¡Santo cielo! ¿Quién habrá entrado a robar? le pregunté a mi marido. Miré por toda la casa y no faltaba nada, el televisor estaba en su sitio, las joyas en el joyero... en fin todo estaba en orden, no faltaba nada.
Decidí llegarme al banco para sacar algo de dinero y poder comprar, cuál fue mi sorpresa al descubrir que en el banco tampoco había dinero porque un virus en la tinta de los billetes los había desintegrado. Lo mismo había pasado con las monedas según me había informado el director del banco.
Al ver tanta gente preocupada al igual que yo, me puse histérica y de la impotencia me desmayé. Al cabo de unos minutos, me desperté en mi dormitorio y me di cuenta que todo había sido un sueño. Seguro que el origen de sueño fue ver las noticias de los informativos: la crisis que tenemos a nivel mundial que nos está afectando la cual está afectando a toda la economía de los españoles y de la que nadie es capaz de levantar cabeza.
Charo


Estaba desayunando, cuando empecé a notar algo raro en la espalda. Me picaba un poco. Fui al cuarto de baño a mirar que tenia. ¡No me lo podía creer! ¡Tenia alas! Fui a la terraza a ver si podía volar ¡Esto es de locos! ¿Cómo voy a volar? Debo tener fiebre…
Pero empecé a mover las alas muy lentamente y noté que los pies no los tenía en el suelo:
- Pero…¡si estoy volando! Bien hoy voy a trabajar un poco más tarde no voy a tener problemas con el tráfico.
Cuando de pronto suena la alarma del reloj, di un salto que casi me caigo de la cama. Era todo un sueño, claro, pero parecía real.
Sonia


El hombre invisible


Una mañana de domingo, al despertar, como casi todas las mañanas fui al servicio, pero cuando me miré en el espejo, al lavarme los dientes, sólo podía ver el cepillo de dientes flotando en el aire. Tras el sobresalto, descubrí que en el espejo solo se veía mi ropa. Bastante asustado, fui a despertar a mi novia, pero ella tampoco me veía. Podía oírme e incluso tocarme, pero no podía verme. Entonces decidí, ya que era veranito y hacía bastante calor, quitarme la ropa para que nadie pudiera verme. Me acerqué muy poquito a poco a mi gato por la espalda y cuando menos se lo esperaba, le di tal susto, que se le puso el rabo como un plumero. El pobre Foter, me podía oler, pero no me veía.
Lo que más ilusión me hizo es poder salir sin tener que afeitarme. A continuación se me ocurrió irme a dar una vuelta con el coche. Puse la música a toda hostia y me di una vueltecilla por las calles más céntricas. Os podréis imaginar las caras de la gente al ver pasar al “coche fantástico” y al escuchar a “kit” hablando. Unos minutos más tarde me encuentro un control de nuestra policía local, escondidos como siempre tras una esquina. Uno de ellos me dio el alto en plan vacilón, pero la cara se le cambió al ver que nadie conducía el vehículo. Tras aparcar el coche, procedí a darles mi documentación y la de mi coche explicándoles al mismo tiempo que esa mañana, me había despertado invisible. El más chulillo de ellos pretendió multarme por ser invisible, pero afortunadamente, la invisibilidad, no está contemplada en el código penal como delito o falta con motivo de sanción. Decía que si por avería o por alguna otra cuestión tuviera que salir de vehículo en plena carretera, la gente no me vería y podría causar un accidente. Yo le respondí que para eso tenía mi chaleco reflectante correctamente homologado al igual que mi triangulo de señalización.
Afortunadamente, me dejaron ir, eso sí, con una cara de mala hostia que no veas. Me disponía a montarme en mi coche para continuar mi vueltecita, cuando uno de ellos me dio el alto: ¡Que va usted en pelotas!
¡Mierda!, al final me multó por escándalo público.

Juan Carlos

miércoles, 3 de febrero de 2010

La trama, el nudo...


En las actividades anteriores, hemos escrito distintos principios y finales de una hipotética historia. Nos queda el nudo, el desarrollo del relato.

Ahora toca desarrollar la historia. Para ello, podéis probar con distintos géneros. Elegid de la siguiente lista, el tipo de relato que queréis escribir. No os asustéis, sólo debéis escoger una opción...


- Relato policiaco.
- Relato humorístico.
- Relato erótico.
- Relato histórico.
- Relato psicológico.
- Relato de aventuras.


LA TRAMA DE ANA



Recuerdo como los primeros días todos estábamos muy contentos e ilusionados; pasábamos la mañana en las playas cercanas, (A Lanzada, Montalvo y Major) vírgenes, preciosas, de bellos paisajes, de arena fina y aguas frías y cristalinas.
El sol relucía, pero la temperatura exterior no era a la que estamos acostumbrados en nuestra Comunidad por lo que los baños fueron más bien escasos y breves ¡Esos chiquillos eran los que le echaban valor, se daban una zampullá tras otra! y se pasaban las horas bicheando junto a Juan al que tanta ilusión le hacía enseñarles a bucear.
Tras el almuerzo y por supuesto la inevitable siesta nos acercábamos hasta los pueblecitos de los alrededores; el primero de ellos, si la memoria no me juega una mala pasada fue " San Juan de Poio “, situado en pleno corazón de las Rías Baixas en donde pudimos visitar su antiquísimo Monasterio, su curiosa y singular Biblioteca, y ya en su huerto El Hórreo más grande que se conoce, (123 metros cuadrados) que provocó el delirio de los niños .
Muy, muy singular y típico era el pueblecito de Combarro con su encrucijada de callejas estrechas, salpicadas de pequeños hórreos, su diminuta iglesia llena de viejitas lugareñas, sus tiendecitas para turistas repletas de figuras de brujitas, esas meigas en todas poses y maneras que yo juraría merodeaban por el pueblo, sus restaurantes donde nos hacinábamos los visitantes ansiosos de degustar los mariscos y pescados de la Ría.
En uno de ellos nos pusimos las botas y nos vendieron unas botellitas de albariño que degustaríamos a nuestro regreso a casa. ¡Ah, y por supuesto y como los críos se empeñaron y por no escucharlos, ya se sabe, compramos como recuerdo una gaita de juguete que todavía anda rodando por sus cuartos y me recuerda cuando los limpio ese azaroso viaje! Ayer mismo volvimos a ver los vídeos grabados y percibo con añoranza como han crecido y cambiado dejando atrás su niñez.
Estas excursiones las realizamos entre los días 4 y 5 de agosto y situándonos sobre el 6 o 7 , mientras estábamos todos sentados a la mesa terminando de comer percibimos como el cielo , hasta entonces azul , comenzaba a cubrirse de humo y empezaba a llover cenizas , el aire se hizo irrespirable y decidimos marcharnos hasta Pontevedra y buscar una pensión donde pasar la noche .
En la capital el humo lo envolvía todo, los pájaros muertos se dispersaban en sus calles y parques pero sus habitantes continuaban con su rutina con total normalidad. Es algo que no acerté a comprender, ¿cómo era posible que se hubiese llegado a esa situación y que las autoridades competentes no hubiesen dispuesto de los medios necesarios para extinguir los incendios cuanto antes? Eran los propios vecinos los que intentaban con sus escasos recursos y su tesón parar a ese fascinante enemigo; muchos turistas, estoy segura, cambiaron el rumbo de sus vacaciones. Era ilógico que esto ocurriese en un país desarrollado en pleno siglo XX.

No sería esa la única vez que tuvimos que salir a escape de allí , creo que vino a ser dos días más tarde cuando al atardecer el incontrolable fuego se acercaba cada vez más peligrosa y amenazadoramente hasta la vivienda . Corre que te corre hasta la pensioncita de marras ¡Sí! lo nuestro fue un ir y venir.
Por supuesto el trayecto de ida y vuelta a Santiago de Compostela también estuvo salpicado por las llamas; poco después de nuestro regreso a Sanxenso cortaron la autopista que los une.
Qué os puedo contar de esta ciudad, cosmopolita donde las haya, con su bulliciosa Plaza del Obradoiro, con ese ir y venir de peregrinos jubilosos al llegar a su destino, su majestuosa Catedral abarrotada que era preciso hacer unas colas enormes para acceder a cualquiera de sus recintos, la cripta del Pórtico bajo las escaleras del Obradoiro donde se encuentra la tumba del Apostol y cuántos tesoros reposando en el museo que ésta acoge. Nunca podremos olvidar la visión que nos ofrecía desde sus alturas; fuego y más fuego por todas partes.
La escasa movilidad por carretera nos impidió viajar a otras provincias, en los siguientes días, tan sólo nos acercamos hasta Pontevedra que llegamos a conocer hasta la saciedad. Nos recuerdo degustando plácidamente, en una de sus plazas el famoso pulpo a la gallega y bailando al son de las gaitas de músicos callejeros.
Tras la tempestad llegó la calma y pudimos desplazarnos hasta Tui donde me emocioné con la visión de su catedral " Santa María de Tui " románico y gótico unidos para su contemplación y desde dónde se podía ver discurrir al río Miño, el maravilloso y agreste Parque Natural de las Islas Cies, la ciudad de Baiona con su espectacular parador al que me gustaría regresar y disfrutar de su entorno natural y sus instalaciones , A Guarda con su famoso Monte de Santa Tegra y por supuesto no faltó el típico viajecito en barco por la Ría para ver las mejilloneras . A pesar de la hora y la calor, eran las 5 de la tarde, sus pasajeros, en su mayoría de nacionalidad Portuguesa se hincharon de mejillones y de albariño ¡Vamos, que me entraban ganas de vomitar tan sólo con verlos!
Y como todo se acaba lo hicieron igualmente nuestras vacaciones, hicimos las maletas, recogimos todos los chismes y paquetes acumulados, los apelmazamos en los maleteros que casi no cerraban y…



LA TRAMA DE ROSA





Mi cuñada Sonia me llama para pasar el día en la playa. Me encantó la idea. Nos hacía falta un día de relajación y ponernos morenitas.
Al mediodía nos fuimos al chiringuito para comer. Nos pedimos marisco. Nos pusieron una centolla grandecita ¡No veas para partir las patas! Nos dieron un cascanueces para abrirlas.
Empecé a partir una, se me resbaló y la pata le cayó a un hombre en su plato. Mi cuñada empezó a reírse y yo también, pero el hombre estaba mosqueado.
Me levanté y le pedí perdón. Después de comer nos fuimos a tomar el sol. Sonia me dijo:
- Vamos a darnos un refrescón.
- Venga, vale.
Fuimos corriendo porque quemaba la arena. Me caí y todo el mundo acabó riéndose y yo muerta de vergüenza…
Después nos fuimos al hotel y luego quedamos para dar una vuelta por el pueblo.
Al siguiente día nos marchamos. ¡Qué bien nos lo habíamos pasado! El año que viene repetimos mi cuñada Sonia y yo.



LA TRAMA DE MERCEDES: LA BROMA



Caminábamos emocionados por la belleza del hayedo. De pronto, Javier comenzó a gritar. Desde lejos sólo oíamos como resbalaba y gritaba, gritaba y caía. Corrimos hacia ese lugar y lo vimos allí abajo. En ese gran agujero, sin mover un sólo músculo. Intentamos llamar con nuestros móviles, pero no había cobertura. Nos alejamos algo del lugar y al regresar... Javier no estaba allí. Gritamos, lo llamamos sin parar. No había rastro de él. Alrededor del agujero no encontramos más pisadas que las nuestras. Con el pánico a flor de piel, intentando racionalizar algo que se nos escapaba, comenzamos a oír ruidos extraños. De repente uno de los dos coches que llevábamos, arrancó y se avalanzó sobre nosotros con los faros encendidos.
Creimos morir. El coche frenó en seco y al apagarse la luz vimos bajar de él a Javier en perfectas condiciones. Nos acababa de gastar la broma más horrorosa que podíamos imaginar.
Desde aquel día ese lugar increíble que tanto había deseado conocer, tiene matices terroríficos para mí. Espero superarlo. A Javier no lo he vuleto a ver.



LA TRAMA DE PEPA



Desde que nos conocimos aquel sábado en ese cine, cada vez eran más frecuentes nuestros encuentros. Un día me iba a buscar a mi casa, otro me recogía del instituto y muchas veces hacíamos novillos. Nos reuníamos en un chalet que sus padres tenían en las afueras de la capital, donde pasaban las vacaciones.
Yo, la mayoría de los días me saltaba las clases, tanto era que los profesores avisaron a mis padres. La cosa se me puso cruda, pues me castigaron sin salir y al instituto me llevaban y a la salida me recogían. Fue un calvario, no comía, no dormía, no obedecía a nada ni a nadie,
estaba nerviosa, era una rebelde sin causa. Estuve hasta con un psicólogo. Me harte de todo esto y sin pensármelo dos veces me escapé de casa con él. Pasamos unos días maravillosos. Pero como todo lo bueno dura poco, esto acabo y mi padres me encontraron. El castigo fue mayor, me llevaron a un colegio privado a otra ciudad y por cierto bastante lejos de donde vivíamos.
Así pasaron los meses y hasta cuatro años. Ya había cumplido la mayoría de edad. Fui a buscarlo, él aún me esperaba. El encuentro fue inolvidable. Luis ya se había graduado y decidimos casarnos cuando yo terminara mis estudios.
Había sido toda una aventura que al final...

LA TRAMA DE CHARI



En mi primer curso, conocí a Ana que se convirtió en mi compañera, además nos hicimos inseparables, compartimos los apuntes y nos ayudamos la una a la otra, a veces nos llamábamos por teléfono y quedábamos para salir fuera de clase.
Tuvimos nuevos amigos pues el círculo de amistades poco a poco se fue abriendo.
Ese curso fue un poco difícil, me tuve que adaptar a otro horario. Tuve profesores algo viejos con ideas prehistóricas pero se intentaban llevar.
El curso fue pasando con sus altos y bajos, la adaptación fue algo lenta, pero ahí estuve.
El año siguiente fue pasando con los mismos compañeros y conservando algunos profesores del curso anterior. Entraron dos nuevos, uno de ellos era un poco petardo pero muy buen profesor. Se interesaba por nosotros y las clases las hacía más para conocernos como personas que para enseñarnos su materia, por eso lo recuerdo con añoranza.
En este curso ya se empezaron a ver algunos grupos con las mismas afinidades.
Yo seguía con mi compi Ana, Chelo, Maite, Isa... Cuando teníamos que hacer algún trabajo en común, nos reuníamos en casa de alguna de nosotras. Así, poco a poco, fuimos conociendo a sus familias. Nos invitábamos a los cumpleaños y quedábamos algunas tardes.
En el tercer curso, el grupo empezó a separarse porque había que coger entre ciencias y letras.
Yo como no era ninguna lumbrera, cogí letras eran más de empollar pero no me importaba.
Ese año nos daban latín y griego asignaturas que me gustaron bastante y en las que saqué buenas notas, las declinaciones eran divertidas.
Ya sé que eran lenguas muertas pero de ahí salió la nuestra, el castellano.
Mi amiga Chelo se fue a ciencias, Isa repitió, Maite y Ana siguieron conmigo en letras, pero lo importante era nuestra amistad, seguíamos viéndonos en los recreos y en las salidas de algunas clases.
Teníamos nuestro rinconcito en el patio y allí nos íbamos reuniendo según íbamos saliendo. Seguíamos con nuestras tertulias e Isa empezaba a salir con Miguel.
Él también se reunía con nosotras, incluso otros chicos pero como compañeros.
El curso pasaba y las asignaturas se hacían un poco pesadas pero tirábamos hacia adelante.
En el último curso, COU, las cosas se pusieron un poco más difíciles. Llegaron nuevos profesores más serios y autoritarios.
Teníamos uno de latín que cuando llegaba teníamos que levantarnos, y hasta que no nos dijera que nos sentáramos, no nos podíamos sentar. La verdad es que era un poco chulillo.
Todos le temíamos, como anécdota puedo contar que yo tenía la costumbre de anotar en un papel todas las declinaciones y así me resultaba más fácil traducir los textos en los exámenes.
La primera vez me cogió el papel pensando que era una chuleta y muy serio me regañó; le dije que me diera otro papel y que me lo firmara y volví a escribir mis declinaciones y al final le di el papel firmado con el examen hecho.
Siempre que hacia un examen yo personalmente iba a su mesa para que me firmara el papel y viera que yo era legal.
Este señor tenía la costumbre de amenazarnos con suspendernos. El decía que si suspendías el último trimestre todos los demás trimestres, los tendríamos suspensos aunque hubiéramos aprobado el primero y el segundo. La verdad que esto, con lo nerviosa que yo soy, me ponía de los nervios peor.
Cuando llegó el último examen me bloqueé y llevé mi examen en blanco. Este señor se extrañó y me dijo que lo esperara en cafetería.
Cuando terminaron mis compañeros el examen, se presento él en cafetería y me preguntó que me había pasado. Fui clara y le dije lo que todos pensábamos de él. Que era muy brusco con nosotros y que todos, en cierto modo le odiábamos. Su respuesta fue sincera: " Si fuera un profesor blando la gente se me subiría encima y más ahora que la mayoría sois casi adultos. Tengo que apretar las tuercas porque ahí afuera lo tendréis todos muy difícil"
Seguro que la mayoría se acordarán de mí, lo mismo que usted, que no debe temer nada porque siempre ha sido una buena alumna y siempre levantaba la mano cuando yo preguntaba sobre algún tema que sabía que sus compañeros no habían estudiado para que así no pusiera ningún cero. Usted es constante, responsable y estudiosa. ¿Cómo puede usted pensar que en el último examen la voy a suspender, si siempre ha traído sus deberes hechos y ha sido así con sus compañeros? Soy profesor pero ante todo soy persona que sabe valorar a la gente Y ahora, ¡entre a clase y haga su examen!”
La verdad que nunca le olvidaré, pues analizándolo posteriormente, vi como era en realidad, un buen profesor que se preocupaba de todos sus alumnos y veía hasta donde podíamos llegar cada uno.
En ese año hicimos sorteos, vendimos polvorones, etc., para recaudar dinero para el viaje de fin de curso. Todos estábamos ilusionados y al mismo tiempo, tristes pues cada uno cogería su camino y la mayoría nos separaríamos para siempre.




UNA HISTORIA DE AMOR (LOURDES)



Esta es una historia de amor, basada en hechos reales.

Halla por 1948 comenzó una gran historia.
Era una joven muy hermosa, su cuerpo era delgado y con muchas curvas. Su pelo negro y ondulado, pero lo mejor de todo era su simpatía y su buen corazón.
Cuando esta joven tenía 20 años, iba hacia la frontera de Gibraltar para trabajar, como todos los días, conoció al que sería el gran y único amor de su vida. Él era un hombre esbelto y muy guapo. Vestía muy elegante, se diría que parecía un marques, pero tenía 43 años.
Comenzaron su amor y los padres de la joven, creyendo que aquel hombre elegante y siempre bien vestido y con fama de dar al que necesitaba, era adinerado. Consintieron en la relación de su hija. Pero pasado el tiempo comprobaron que este hombre no tenía nada, sólo su trabajo, porque la herencia que había cogido de sus padres la repartió entre los pobres que no tenían para comer.
Entonces le prohibieron a su hija que le viese más, pero ya era muy tarde ella, estaba locamente enamorada y no lo dejaría jamás pasase lo que pasase.
Desde aquel momento la acompañaban al trabajo, no la dejaban sola en ningún momento para que no lo pudiese ver. La encerraban en su habitación, pero ella no dejaba de pensar en él y no le importaba su edad ni su situación económica, solo pensaba en lo feliz que se sentía a su lado, como temblaba su menudo cuerpo cuando él la besaba o cuando le acariciaba su cuerpo, por eso un día cuando la tenían encerrada en su habitación, saltó por la ventana y se fue a buscarlo.
Cuando él la vio, se fundieron en un abrazo. Ella nerviosa le explicó que se había escapado para estar con él y que no volvería a casa de sus padres. Él le prometió que nunca se separarían y que siempre sería su gran amor, su princesa. Se escondieron durante meses, hasta que ella cumplió los veintiún años, ya que toda su familia los estaban buscando.
Pero ya era mayor de edad y se pudo casar con el hombre que amaba y al que adoraba y para él siempre ella sería su princesa.
Tuvieron 5 hijos y fueron muy felices. Él siempre la mimó y la cuidó como le había prometido.
Pero en 1963 una mala enfermedad se llevó el único y gran amor de su vida.
Hoy aquella joven tiene 80 años y sigue recordando a su amor como el primer día.

LA TRAMA DE INÉS



El despacho del inspector Ramírez era frío e impersonal, las paredes estaban desnudas y la pintura que las cubría, que en su día fue blanca, ahora tenía una tonalidad gris como el pigmento de su piel. El hedor que se respiraba en toda la habitación era casi insoportable. Tenía un cenicero repleto de colillas de Habanos, seguro que estaba enfermo, aseguraría que era un mal, asociado a su tabaquismo. Su escritorio estaba abarrotado de expedientes y carecía de detalles personales. Me dio la sensación que era un hombre taciturno que se marchitaba día a día entre decenas de expedientes sin resolver.

El inspector me dejó echar un vistazo a los informes de los tres casos que componían el asunto Herrera. Después de una mañana dentro de ese cuchitril examinando expedientes, salí a la calle con el ánimo por los suelos. Me dirigí al Club Piano, el mejor lugar para tomar un vermut negro, con el toque exacto de ginebra y con dos aceitunas rellenas. No dejaba de dar vueltas a los tres suicidas. El caso que más me sorprendió fue el del señor Guillamet. Aparentemente su existencia era plena, tenía una familia unida, un negocio que marchaba y gozaba de un círculo de amistades amplio y sólido. Hojeando las llamadas de los últimos meses, me invadió un calor en las mejillas y se me aceleró el pulso. No me podía creer lo que había visto ¡era el teléfono de Gerardo!, no el actual, sino el que habíamos cambiado por su cabezonería. Él me convenció de que los móviles de prepago no eran los idóneos para una empresa como la nuestra. Pero por suerte, mi memoria fotográfica me alertó, los dos móviles de prepago no los habíamos utilizado pues teóricamente los intercambió por los actuales. Pero, ¿por qué Gerardo había estado en contacto con Guillamet? Y lo que era más inaudito, ¿por qué no me lo había contado? ¿qué escondía mi socio?

Con el paso de los años Gerardo se había transformado en un hombre ambicioso y exento de conciencia, sólo quería triunfar y no le importaba a quien tuviese que pisotear en el camino. No sé en qué momento empezó a cambiar. Al comenzar nuestra sociedad éramos dos jóvenes ilusionados con un proyecto sin grandes ambiciones, deseábamos descubrir tramas indescifrables y ayudar a la gente. Quizá era una utopía, ahora con el paso de los años me doy cuenta que en este mundillo, la mayoría de las veces destruyes a la gente, entras en su vida, sacas sus trapos sucios a la luz. Al fin y al cabo ¿quién no tiene algún secreto inconfesable?

Durante los días posteriores estuve indagando a Guillamet, descubrí que su vida no era tan prefecta al profundizar en su matrimonio. La señora Guillamet era veinte años más joven que el difunto. Pude comprobar que se trataba de una mujer muy bella, su vida transcurría en las tiendas de la zona pija de Barcelona y en un Club en el opulento barrio de Pedralbes. Pero no la podía acusar por tener una vida vacía y no aparentar ser una viuda apenada por la pérdida de su esposo. Tampoco lograba conectar a Gerardo con los Guillamet y eso me traía de cabeza, eso y representar el papel de mi vida. Mi socio no debía percatarse de mis sospechas, pero tampoco era conveniente un exceso de simpatía. Gerardo era perspicaz y me descubriría si no andaba con pies de plomo.

Un mediodía, mientras mordía las aceitunas del vermut, tuve un flash. Recordé el día en que Gerardo me propuso que llevara el caso. En ese momento lo entendí todo, ¿cómo había estado tan confundida? Me habían lanzado un cebo y yo lo había mordido sin vacilar ¡qué ciega y qué lerda! Salté del taburete y me dirigí al despacho, llegué sin aliento y entré en el despacho a oscuras ¿dónde estaban todos? Me senté en el despacho de Gerardo y comprobé que mis temores no eran infundados. Decidí escribir a Lola para tener un seguro de vida, en caso de que mi plan no funcionara. En realidad necesitaba compartir con alguien mi descubrimiento. Me dispuse a salir, pero un ruido seco salió de mi despacho, como si se hubiese caído algo pesado al suelo. ¿Quién podía ser? Estaba segura que estaba sola. Decidí entrar y comprobar qué pasaba. Desenfundé mi veintidós, cerré la luz y di un portazo, simulando que me había marchado. Los ojos tardaron unos segundos en adaptarse a la oscuridad del despacho, me deslicé con la espalda pegada a la pared hasta llegar a la puerta de mi despacho. Empuje la puerta con violencia y en ese instante me sentí, otra vez, como una tonta. Había alguien en mi despacho, eso estaba claro, pero detrás de mí también. En decimas de segundo pasaron por mi mente varios pensamientos como ráfagas de luz, sentí un dolor agudo en la nuca, al instante todo oscureció.


LA TRAMA DE SONIA

Recuerdo mi primera noche en Londres. Estaba todo precioso. Las luces iluminaban la ciudad. Era víspera de Navidad y estaba todo adornado.
Cuando llegamos al hotel estuvimos un rato en recepción, pues resulta que la agencia no había reservado la habitación. Bueno yo no me enteraba de nada, sabía que algo pasaba pero no sé nada de inglés, hasta que por fin Airón me contó que pasaba. No hubo ningún problema, lo pagamos de nuevo y la agencia luego nos daría el dinero.
Al día siguiente, nos levantamos temprano y hacía un día precioso. Desayunamos y rápidamente nos fuimos a dar un paseo pues tenía muchas ganas de conocer el palacio de Buckingham. Aquello estaba precioso. Había grandes puertas de hierro que conducen hacia el parque de St James, un parque muy agradable. Se podía caminar entre los lagos con vistas hacia el palacio y en el exterior del palacio, el tradicional cambio de guardia.
Al día siguiente fuimos a ver el rio Thames y luego terminamos en un centro comercial enorme. Queríamos aprovechar al máximo los días que teníamos. Nos levantamos todos los días a las ocho de la mañana y no paramos hasta las doce o una de la madrugada. Terminábamos cansadísimos de tanto caminar, pero merecía la pena.

LA TRAMA DE JUAN CARLOS



Recogieron a Marta y se unieron al resto de la pandilla, Noelia, Paco, María, Sandra y Dani. Todos eran compañeros de clase, menos Dani que era pareja de Sandra. Cogieron el autobús que les dejó en medio de la carretera para hacer el resto del trayecto a pie. La idea era remontar el río, pasar el embalse y buscar una zona bastante escondida en mitad de un inmenso bosque. Marcos conocía bastante bien la zona, ya que desde siempre le había encantado la escalada y la montaña. Estuvieron andando más de tres horas hasta llegar al embalse. Como llegaron bastante acalorados decidieron hacer un alto para comer algo, descansar y darse un baño en aquel hermoso paisaje. Había un par de pequeñas cascadas provocadas por dos arroyos que iban a parar al embalse. Aún les quedaban un par de horas de caminata así que decidieron proseguir la marcha. Marcos y Marta fueron juntos charlando durante esta segunda etapa del trayecto. A Marcos siempre le había gustado Marta, desde que iban juntos a la escuela, pero era ahora, cuando iban al instituto cuando parecían estar haciendo buenas migas. A media tarde llegaron a ese claro en el bosque que a Marcos tanto le gustaba. Era el lugar perfecto para establecer el campamento. Se pusieron manos a la obra, a montar las tiendas, buscar leña para la fogata y a preparar la cena. Marcos le dijo a Marta que si le gustaría dormir con él en su tienda, Marta respondió que encantada.
Una vez establecido el campamento, después de cenar y una vez de que Luis sacara las botellas de whisky, llego el momento que a Marcos más le gustaba, el de contar historias de terror a la luz de la hoguera. Marcos decidió contar una leyenda de la zona que su padre le había contado cuando era niño. La verdad es que según le habían contado, esta leyenda tenía parte de cierta. La historia trataba sobre las extrañas desapariciones de excursionistas en aquella zona. Al parecer, el denominador común en todas era una espesa niebla que aparecía y que podía hacer que el más experto en orientación se perdiera por completo. Según los relatos los excursionistas que desaparecían, jamás eran encontrados. No aparecían los cuerpos y su rastro se perdía siempre cerca del río. A los tíos no les pareció nada aterrador, pero a las tías sí, en especial a Marta. El principal objetivo de Marcos al contar la historia era aterrar a Marta, para poder dormir los dos pegaditos.
Al final al apagarse la hoguera, todo el mundo se fue a dormir. No pasó nada esa noche entre Marcos y Marta, pero a él le encantó que ella se quedara dormida en sus brazos.
En mitad de la noche Marcos salió de la tienda para mear, y para su sorpresa, se encontró una niebla extrañamente espesa que no le dejaba ver a más de medio metro de sus narices. No le dio más importancia y volvió a la tienda. Le costó pegar ojo ya que no dejaba de oír extraños ruidos a lo lejos.
A la mañana siguiente fue el primero en levantarse para reavivar la hoguera y preparar café. Una vez despiertos se dieron cuenta de que María, Dani, Sandra y Paco, no estaban. No le dieron importancia porque pensaron que estarían bañándose en el río, pero aún así Marcos salió a buscarlos. Fue hasta el río y desde allí hasta el embalse, pero no encontró a nadie. Volvió al campamento y aún no habían vuelto. Les dijo a los demás que esperaran allí mientras él subía a la montaña a echar un vistazo. Marcos se quedó aterrado al encontrar el gorro de María y un rastro de sangre. Siguió subiendo a toda prisa pero no encontró a ninguno de ellos. Empezaba a anochecer y decidió volver a toda prisa, un tanto inquieto viendo como una densa niebla bajaba de la montaña y parecía perseguirlo. Llegó al fin al campamento un poco más aliviado pero su preocupación aumento al ver que sus compañeros aún no habían regresado. Marta y Noelia estaban bastante asustadas y para no preocuparles solo le contó lo del gorro a Luis. Intentaron llamar con los teléfonos móviles, pero ninguno tenía cobertura. Ambos decidieron que sería mejor echar la noche allí y a primera hora de la mañana volver y dar parte a la guardia civil. No podían volver en plena noche, se podían perder o tener un accidente. Le contaron el plan a sus parejas y se fueron a dormir.
Marta se quedó dormida, pero Marcos no pudo pegar ojo. No dejaba de oír esos extraños ruidos y gritos en la lejanía. Estaba bastante asustado pero aún así bajo la cremallera de su tienda y allí estaba, de nuevo esa horrible y espesa niebla.
Nada más clarear, salió de la tienda y fue a buscar a Luis y a Noelia, pero para su sorpresa y horror, no estaban. Despertó a Marta y se lo contó todo. Ambos estuvieron llamando a sus amigos a voces durante más de media hora sin obtener respuesta así que pensaron en recoger lo imprescindible y volver con la luz del día para avisar a la guardia civil y contarles lo ocurrido.
Tomaron el mismo camino que hicieron para subir, pero el camino parecía diferente. Aunque iban siguiendo el río hacia abajo, nunca llegaban al embalse...